Seleccionar página

Cada vez falta menos para la nueva edición del campamento para niños y niñas con y sin discapacidad de ASPAYM. Y es que, para muchos jóvenes, el Campamento ASPAYM es mucho más que una semana de actividades y vacaciones. Es un lugar de convivencia, autonomía y aprendizaje donde las diferencias pasan a un segundo plano y las personas se conocen sin etiquetas.

Cristian lleva tres años participando en el campamento y tiene claro qué es lo que más valora de esta experiencia: la convivencia. «Aprendes a convivir con gente que encuentras en la vida y puedes hacerte amigos de ellos. Pasas unos días conviviendo, y para ellos son sus días de vacaciones; se lo pasan bastante bien y les hace muy felices», explica.

En las cabañas comparte el día a día con otros participantes, una experiencia que le ha cambiado la forma de mirar la realidad. Antes de acudir al campamento, reconoce que cuando veía a alguien del grupo de amigos burlándose de la discapacidad de otra persona, de su entorno, en la tele… prefería guardar silencio. «Ahora pienso que no está bien, porque eso le podría haber tocado a cualquiera», cuenta.

Su madre, Vanessa, destaca precisamente ese aprendizaje como uno de los grandes valores del campamento. «No sabes en la vida lo que te puede tocar, en primera persona o en segunda. Puede ser un familiar, un amigo, un accidente de tráfico… nadie está libre de lo que pueda pasar», señala.

Para Vanessa, conocer otras realidades ayuda a construir una sociedad más empática. «Hay que saber tratar con esas personas, conocer sus sentimientos y no hacerles sentir mal. Son personas iguales que nosotros; simplemente hay que adquirir otras maneras de funcionar con ellos», afirma.

Cuando conoció el campamento, encontró un entorno en el que la discapacidad no era el centro de la experiencia. «Vi personas que podían ser cualquiera en cualquier momento, pero todo el mundo era igual, tuviera o no discapacidad. Todos hacían vida con todos», explica.

Además, pone en valor la autonomía que fomenta el proyecto: «No hay que mandar u obligar a alguien para que haga algo, sino que sale de ellos porque son amigos y quieren cooperar entre ellos. Tienen su independencia para que puedan sentirse como los demás».

Los recuerdos de los participantes también reflejan esa normalidad. Vanessa cuenta que al ver vídeos y fotografías del campamento veía a los jóvenes completamente implicados: «Se olvidan de sus móviles, hacen todo tipo de actividades… son tantas cosas que no acabarías».

Una sorpresa inesperada

Una experiencia similar ha vivido Inés, que repite por segundo año. «Lo vi muy diferente de lo que iba a pensar. No me esperaba que fuésemos a hacer amigos tan rápido y que las actividades fueran más chulas de lo que había imaginado», explica.

Entre sus mejores recuerdos están las propuestas más creativas y diferentes: «Me encantaron las actividades. Me parece que son cosas muy novedosas que en otros sitios no puedes hacer: La yincana guarra, que es muy graciosa, los peinados locos…». También recuerda con cariño a sus amistades, con las que mantiene contacto a lo largo del año.

Su padre, Cian, destaca cómo esta convivencia influye también en la mirada de quienes participan. «La niña estaba nerviosa al principio, pero se lo ha pasado fenomenal y tenía claro que quería volver este año», cuenta.

Para él, una de las claves del campamento es que los jóvenes no se quedan en la discapacidad, sino en la persona. «No ven discapacidad, ven personas. Ven gente distinta, pero no la consideran peor», explica. «A esa edad se tiene una empatía brutal y eso se sigue desarrollando. Hace falta concienciación y nosotros estamos encantados de contribuir a ello».

El valor de la amistad

Eider, que lleva cuatro años participando, también llegó al campamento con dudas. «Pensaba que iba a estar sola y que no iba a comunicarme porque suelo ser una persona a la que al principio le cuesta», reconoce. Sin embargo, la experiencia terminó superando sus expectativas: «He terminado haciendo un montón de amigos».

Las actividades son parte importante de sus recuerdos: los karts o las visitas a la piscina son algunos de sus momentos favoritos. «Me lo paso muy bien, me divierto, estoy más con ellos y conozco más a la gente. En la piscina jugamos juntos y al final terminas estando con más personas», explica.

Para Eider, el motivo por el que vuelve cada año está claro: «Vuelvo por la gente que he conocido y por las amistades que hago. Me siento muy cómoda ahí. Todos los años conozco a alguien nuevo».

También destaca la diversidad como una de las grandes riquezas del campamento. «Hubiera sido diferente no haber conocido gente de España ni otros tipos de discapacidades. No me esperaba hacer amigos con discapacidades diferentes», asegura.

Una experiencia que, según explica, también cambia la manera de relacionarse: «Mucha gente trata a las personas con discapacidad de forma distinta, pero aquí aprendes que puedes hablar de manera normal con ellos».

Su madre, Marian, pone en valor precisamente esa dimensión educativa. Frente a otros campamentos más homogéneos, considera que ASPAYM ofrece una experiencia más amplia. «Este es un aprendizaje para la vida. Te da la oportunidad de conocer personas de toda la península, de diferentes partes y situaciones, y acercarte al conocimiento pleno de personas con y sin discapacidad», señala.

Para Marian, el impacto en Eider ha ido más allá de una simple actividad de verano: «Le ha podido ayudar a hacer amistades profundas con otras personas. Es un aprendizaje que no te da ningún otro campamento».

Así, el Campamento ASPAYM se convierte cada verano en un espacio donde la convivencia, la amistad y la autonomía sirven para demostrar que las diferencias no separan: también pueden ser el punto de partida para aprender unos de otros.

El Campamento ASPAYM para niños y niñas con y sin discapacidad celebra su 29ª edición del 3 al 14 de agosto con los agentes secretos como temática principal. En años anteriores, se vertebró en torno a la música disco, los juegos arcade, la magia, los dibujos animados, deporte inclusivo o viajes en el tiempo, entre otras. El campamento está organizado por la Federación Nacional ASPAYM. Además, colaboran la Fundación ACS, Fundación ONCE, la Fundación ASPAYM Castilla y León, ASPAYM Castilla y León Juventud y el Consejo de la Juventud de Castilla y León.

Comparte la noticia: