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La soledad no deseada impacta con especial dureza en las personas con discapacidad física, especialmente en aquellas con daño cerebral adquirido (DCA). Según un estudio impulsado por entidades del ámbito del daño cerebral, el 41% de este colectivo sufre esta situación, frente al 13% de la población general.

Este dato evidencia una realidad que desde el movimiento asociativo, y en particular desde ASPAYM, se viene señalando desde hace años: las personas con discapacidad física están más expuestas al aislamiento social, no solo por sus limitaciones funcionales, sino también por las barreras sociales y la falta de apoyos continuados.

Una realidad que se agrava con el tiempo

El estudio pone de relieve que, tras el accidente o lesión, las personas suelen contar con una red de apoyo sólida durante las primeras fases —hospitalización y rehabilitación—. Sin embargo, a medida que evoluciona la situación, ese acompañamiento disminuye y muchas personas ven cómo se rompe su entorno social previo.

Las secuelas del DCA o de otras discapacidades físicas pueden dificultar la vuelta a la vida anterior, generando aislamiento y una soledad que se instala de forma progresiva.

Además, esta situación no es puntual: el 70% de las personas con discapacidad que experimentan soledad llevan más de tres años conviviendo con ella. A ello se suman factores como la dificultad de acceso al empleo o situaciones de vulnerabilidad económica.

Así se puso de manifiesto en el diálogo celebrado en la agencia de noticias Servimedia sobre ‘Soledad no deseada y Daño Cerebral Adquirido’ para visibilizar la realidad que vive este colectivo. Para conocer esta realidad, Daño Cerebral Estatal, en colaboración con otras entidades y el Institut Guttmann, llevó a cabo el estudio ‘La soledad no deseada en las personas con discapacidad física y daño cerebral’, que se publicará en unas semanas.

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