Entrevista 1 de las XXX Jornadas Científicas. El presidente de la Sociedad Española Multidisciplinar del Dolor (SEMDOR), Luis Miguel Torres Morera, participará en este encuentro de ASPAYM Madrid, que se celebrará los días 29 y 30 de mayo.
En esta entrevista, la primera de una serie en torno a ponentes de estas XXX Jornadas Científicas, Torres conversa con Comunica ASPAYM y reflexiona, entre otros asuntos de interés para las personas con lesión medular y otras discapacidades físicas, sobre la evolución del abordaje del dolor en esta condición, los retos pendientes y la importancia de acercar el conocimiento científico al movimiento asociativo.

¿Cómo valora la evolución del abordaje del dolor en la lesión medular en los últimos años?
El cambio ha sido notable. Hemos pasado de considerar el dolor como una consecuencia inevitable de la lesión a entenderlo como un problema clínico de primer orden que se puede y se debe tratar. Hoy sabemos que entre el 50 y el 80 % de las personas con lesión medular conviven con dolor crónico, buena parte de él neuropático, y disponemos de herramientas mucho más precisas y eficientes: fármacos específicos, técnicas intervencionistas, neuromodulación y un abordaje rehabilitador integrado. El reto ahora no es solo tratar, sino tratar pronto y bien.
¿Cuáles son hoy los principales desafíos en el tratamiento del dolor crónico?
El primero es el reconocimiento: el dolor crónico es una enfermedad en sí misma, así reconocida por la Organización Mundial de la Salud en su clasificación CIE-11, y no un simple síntoma. El segundo es la equidad: persisten listas de espera y grandes diferencias entre comunidades autónomas en el acceso a unidades del dolor. Y el tercero es el equilibrio terapéutico, especialmente con los opioides: evitar tanto el infratratamiento del paciente que sufre como el uso inadecuado. Afrontarlos exige más unidades, más formación y una verdadera coordinación entre niveles asistenciales.
¿Por qué es importante abordar el dolor desde una perspectiva multidisciplinar?
Porque el dolor crónico no es solo una señal física: afecta al estado de ánimo, al sueño, al trabajo y a las relaciones, y a su vez todos esos factores lo amplifican. Es lo que llamamos el modelo biopsicosocial. Por eso la mejor respuesta combina la medicina, la fisioterapia, la psicología, la enfermería y el apoyo social. La evidencia es clara: los programas multidisciplinares mejoran la función y la calidad de vida más que cualquier tratamiento aislado, esto es lo que promovemos de SEMDOR (Sociedad Española Multidisciplinar del Dolor) que presido.
¿Qué papel juegan encuentros como las Jornadas Científicas ASPAYM para acercar el conocimiento al movimiento asociativo?
Un papel imprescindible. El conocimiento científico solo es útil cuando llega a las personas que pueden beneficiarse de él. Estas jornadas tienden un puente entre los profesionales y los pacientes y sus familias, que dejan de ser receptores pasivos para convertirse en protagonistas de su propio cuidado. Un paciente bien informado decide mejor, se adhiere más a los tratamientos y reclama, con razón, una atención de calidad.
¿Qué avances han marcado especialmente su carrera profesional?
Diría que tres. El primero, el desarrollo de las técnicas intervencionistas y de la neuromodulación, que han permitido aliviar a pacientes que antes no tenían respuesta. El segundo, la irrupción de la medicina regenerativa, que abre una vía para tratar el origen del daño y no solo el síntoma. Y el tercero, quizá el más importante, el cambio cultural: que el alivio del dolor se reconozca hoy como un derecho del paciente y una obligación del sistema sanitario. Como profesor he intentado trasmitir a los alumnos el reconocimiento del dolor crónico como una enfermedad tratable y no como un sintoma.
¿Qué mensaje le gustaría trasladar a los asistentes?
Que el dolor no hay que resignarse a soportarlo. Existen tratamientos, existen profesionales y existen sociedades como ASPAYM y SEMDOR trabajando para que nadie se quede sin respuesta. Pedir ayuda no es debilidad, es el primer paso para recuperar calidad de vida. Y a quienes conviven con el dolor, decirles que no están solos.